Contenido:
Cuaderno de ideas, viajes y esperas, de enero de 2007
Alguien me contaba en cierta ocasión cuántas cosas había olido, visto,
y oído en un reciente paseo en bici:
el olor de la tierra, el piar de los pájaros, el aroma de la vegetación junto al camino,
los colores de tantas flores sin nombre que competían por su atención,
la compañía de la brisa, la presencia intermitente del sol entre las nubes...
Era un camino que había hecho muchas veces antes... en coche.
¡Es que dentro del coche uno no se da cuenta de nada!
,
me decía con el entusiasmo de su reciente descubrimiento.
Encerrado en una burbuja de cristal y zumbido de motor, uno efectivamente no se da cuenta de nada. Anestesiado por los alienantes mensajes publicitarios, por la embrutecedora música repetitiva a todo volumen o por el sinfín de inútiles noticias de sucesos y desgracias que la radio escupe a la cara, auto-anestesiado, en fin, en los dos sentidos del término, el automovilista no ve ante sí mucho más que un pequeño pedazo de asfalto que se mueve a gran velocidad.
En bici todo es diferente. Unas pocas provisiones, las herramientas básicas para poder arreglar pinchazos, algo de ropa de lluvia por si acaso y un libro; es todo lo que hace falta en la alforja. Y también el aislante para tumbarme en algún rincón del bosque al atardecer. Salir a pasear en bici el primer día del año, temprano y sin prisas por los alrededores, pone en mi camino sonidos nuevos y colores nuevos... Y la misma basura nueva también.
Hace algo más de dos años, subiendo una pequeña carretera de media montaña,
pedaleando entre pronunciadas laderas cubiertas de altos pinos,
vi a lo lejos cómo dos tipos que acababan de aparcar su furgoneta en el arcén,
con toda tranquilidad abrían el maletero y arrojaban su contenido ladera abajo.
Parecía latas de pintura y restos de obra.
Dudé si bajarme de la bici y tomar una foto, incluso anotar la matrícula,
pero la cuesta era dura y aún estaban lejos.
Justo cuando me acercaba lo suficiente terminaron el "trabajo" y se largaron,
no sin antes de que uno le dijera al otro, señalándome: ¡Mira qué bici tan rara!
Me acordé de aquello al encontrarme en la carretera la primera basura de este nuevo año. El olivar contiguo estaba cuidado, labrado y limpio. Pero al parecer a los trabajadores que faenan en él no les supone ningún problema abandonar los restos de sus almuerzos en un canal de desagüe bajo la carretera: latas, tetra-briks, bandejas de poliestireno (corcho blanco), bolsas de plástico, botellas... Había restos de meses. Con mucha dificultad, pues el lugar era casi inaccesible desde la carretera, logré sacar en la misma foto parte del montón de residuos y parte de mi bicicleta.
A veces, cuando viajo en bici, aprovecho los descansos para recoger algún residuo que alguien "olvidó" depositar en el lugar adecuado, o incluso me bajo si se trata de algo demasiado llamativo. Al caminar con la bici al lado es más fácil. En ocasiones he llegado a llenar de envases abandonados una bolsa grande, y la he llevado sobre las alforjas hasta el contenedor de reciclaje del siguiente pueblo. Todas las gotas hacen el mar. En la mayoría de las ocasiones, por desgracia, hubiera necesitado una flota de camiones.
Imagen: biciclown.comHe aprendido que el día te va a llegar cuando te llegue. De nada te vale meterse en casa ni tener demasiados miedos, ¿no? Pues las cosas están ahí para verlas y disfrutarlas; y bueno, los búfalos tampoco son tan malos.
, el biciclown
La semana pasada Álvaro Neil, el biciclown, fue entrevistado en el programa A día de hoy de Punto Radio. Grabé la entrevista y la he transcrito para colaborar en alguna medida a la difusión del proyecto de Álvaro, a quien sigo por la red desde su viaje por Suramérica.
No dejes de leer o escuchar la entrevista del 17 de enero a Álvaro Neil.
Imagen: biciclown.comHe dejado un trabajo, he dejado una vida y ahora vivo no en tonos grises sino en tonos de colores. Y los colores son puros, como la gente que me encuentro en el camino.
, el biciclown
He grabado y transcrito una nueva entrevista a Álvaro en el programa A día de hoy de Punto Radio, el pasado 24 de enero.
Justo antes de partir hacia el monte Kenia, el biciclown nos cuenta su última actuación en una cárcel y, con extraordinaria y crítica lucidez, su visión de algunas de las debilidades y fortalezas de la sociedad africana, por cuyas hebras pedalea desde hace 800 días, así como del papel de ciertas ONGs.
No dejes de leer o escuchar la entrevista del día 24 de enero a Álvaro Neil.
Aunque la electricidad que alimenta el faro de tu bici la produzcas tú mismo sin contaminar, apágalo igualmente. Sí, apaga el faro. Esa noche detén tu bicicleta cinco minutos junto al camino y mira las estrellas. Sin faros, sin farolas, sin luces de neón, sin humos, sin contaminación y sin ruidos las estrellas se ven mucho mejor. E incluso se oyen.
El uno de febrero, de las 19:55 a las 20:00 horas (zona horaria +0100 UTC, es decir, la hora de Madrid y París), dale un respiro silencioso a tu mundo y experimenta qué sientes: apaga todas las luces y todos los aparatos eléctricos que no sean imprescindibles durante ese tiempo. Si puedes, mucho mejor, apaga todo.
Y si las previsiones de consumo energético del día se alteran de forma imprevisible y a las 20:00 se produce un apagón, no pasa nada. Sería una muestra más del derroche inmoral al que estamos acostumbrados.
El próximo día 1 de febrero, el grupo ecologista francés Alianza por el Planeta, agrupación de asociaciones medioambientales, nos convoca a todos los ciudadanos del mundo a dar un respiro al planeta durante 5 minutos.
Se trata de ahorrar 5 minutos de electricidad ese día apagando todas las luces y aparatos que tengamos conectados a la red eléctrica, entre las 19:55 y las 20:00 h (una hora menos en Canarias).
¿Por qué el día 1 de febrero? Porque este día saldrá en París el nuevo informe del Grupo de Expertos de Cambio Climático de las Naciones Unidas, y es una excelente ocasión para llamar la atención sobre el despilfarro de energía y la urgencia de pasar a la acción a todos los ciudadanos, medios de comunicación y a todos aquellos que tienen poder de decisión.
Fuente: nota de prensa de Movimiento Clima.
Quizá, después de todo, en sólo cinco minutos descubras que normalmente no necesitas tener tantas luces encendidas ni tantos aparatos eléctricos funcionando a tu alrededor. Quizá incluso veas por primera vez la luz de las estrellas con otros ojos.